Renovarse o morir. Es un viejo proverbio que, alarmismos aparte, llama imperiosamente a la renovación. No queda otra. Hoy más que nunca el planeta necesita un cambio de conceptos sobre el modelo de desarrollo. Urge aplicar un giro de 180 grados en los procedimientos industriales a favor del empleo de las energías renovables. Se han disparado las alarmas. Como vienen anunciando en las últimas décadas sucesivos informes científicos, y a tenor de los pronósticos anunciados en cumbres, foros y congresos mundiales, el futuro del planeta podría estar en juego. Depende de la reducción o no de las emisiones de carbono a la atmósfera y del empleo o no de combustibles fósiles convencionales.